Hay un tipo de paciente que llega a una consulta del dolor con la misma historia repetida varias veces. Le duele la parte baja de la espalda, casi siempre de un solo lado, justo por encima de la nalga. Le molesta más al levantarse de la silla que al estar sentado. Le cuesta darse la vuelta en la cama. Ha hecho una resonancia lumbar que informa de «cambios degenerativos» y una protrusión discal, ha tomado antiinflamatorios, ha hecho tratamiento dirigido a las vértebras lumbares, y el dolor sigue exactamente en el mismo sitio.
En una parte de esos casos, el problema no está donde se ha estado mirando. Está unos centímetros más abajo, en una articulación que casi nunca aparece en el informe de la resonancia: la articulación sacroilíaca.
El dolor sacroilíaco es una de las causas de dolor lumbar peor identificadas. No porque sea rara —no lo es—, sino porque se confunde con facilidad con un problema discal o facetario, y porque las pruebas de imagen habituales no la muestran bien. En este artículo explicamos qué es, cómo se reconoce, por qué se diagnostica tarde y qué opciones de tratamiento existen.
Qué es la articulación sacroilíaca y por qué puede doler
El sacro es el hueso triangular que cierra la columna por abajo, encajado entre los dos huesos ilíacos de la pelvis. La unión entre ambos, a derecha e izquierda, es la articulación sacroilíaca.
Es una articulación peculiar. Apenas se mueve —unos pocos grados de rotación y unos milímetros de traslación—, pero soporta prácticamente todo el peso del tronco y lo transmite a las piernas. Está sostenida por uno de los sistemas ligamentosos más potentes del cuerpo y cuenta con una inervación abundante, lo que significa dos cosas: que es difícil de desestabilizar y que, cuando se irrita, duele de verdad.
Se estima que la articulación sacroilíaca está implicada en torno al 15-30 % de los dolores lumbares crónicos. Es una cifra alta para una estructura que rara vez se menciona en la primera consulta.
Las situaciones que con más frecuencia la sobrecargan son reconocibles:
- Embarazo y posparto. Los cambios hormonales aumentan la laxitud ligamentosa y el eje de carga se modifica. Es una de las causas más habituales en mujeres jóvenes.
- Asimetrías de carga mantenidas. Una diferencia real de longitud de piernas, una cojera prolongada tras una lesión de rodilla o tobillo, o una prótesis de cadera que ha cambiado la biomecánica.
- Traumatismos. Una caída sentado, un accidente de tráfico, un mal apoyo bajando un escalón.
- Cirugía previa de columna lumbar. Sobre todo si incluyó una fusión o artrodesis. Volveremos sobre esto.
- Enfermedades inflamatorias. Las espondiloartritis afectan característicamente a estas articulaciones. Es un escenario distinto, con otro perfil de paciente y otro tratamiento, y por eso importa descartarlo.
Cómo se reconoce el dolor sacroilíaco: el patrón que lo delata
El dolor sacroilíaco tiene una forma de presentarse bastante característica, y aprender a reconocerla es la mitad del trabajo.
Dónde duele. Lo más frecuente es que duela en la nalga, no en la columna. Cuando se ha estudiado dónde localizan el dolor los pacientes con dolor sacroilíaco confirmado, la región glútea aparece en la gran mayoría de los casos —alrededor del 90 %—, mientras que la zona lumbar baja aparece en aproximadamente siete de cada diez. Hay un gesto que se repite en consulta: el paciente, al que se le pide que señale dónde le duele, apoya un dedo justo sobre el hoyuelo que hay a un lado de la base de la espalda. Ese punto tiene nombre —la espina ilíaca posterosuperior— y está exactamente sobre la articulación.
Hasta dónde baja. Puede irradiar hacia la parte posterior del muslo y confundirse con una ciática, pero habitualmente no pasa de la rodilla y no se acompaña de la pérdida de fuerza ni de los cambios de sensibilidad que sí aparecen cuando hay una raíz nerviosa comprimida. Es una diferencia clínica importante: en nuestro artículo sobre el dolor facetario lumbar desarrollamos cómo separar unos cuadros de otros.
Qué lo empeora. Los gestos que cargan la articulación de forma asimétrica: levantarse de una silla, subir y bajar del coche, darse la vuelta en la cama, subir escaleras, permanecer de pie apoyando el peso en una sola pierna. Muchos pacientes describen que estar sentado mucho rato es incómodo, pero que lo peor es el momento de ponerse de pie.
Es casi siempre unilateral. El paciente distingue con claridad su lado malo.
En la exploración, el médico realiza una serie de maniobras que aplican estrés a la articulación de forma controlada. Ninguna de ellas es concluyente por sí sola —esto es importante y conviene decirlo sin rodeos—, pero cuando varias reproducen el dolor típico del paciente, la sospecha se refuerza de forma considerable.
¿Llevas meses con dolor lumbar y de glúteo, siempre del mismo lado?
En Spine Concept, clínica del dolor en A Coruña, valoramos si ese dolor viene de la columna, de la articulación sacroilíaca o de las dos. Escríbenos y te decimos el siguiente paso.
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Información general; cada caso es distinto y no sustituye una valoración médica.
Por qué se diagnostica tarde: el problema de las pruebas de imagen
Aquí está el motivo principal de que este dolor pase desapercibido durante meses o años.
La resonancia lumbar estándar no está pensada para ver esta articulación. El campo de estudio habitual cubre las vértebras lumbares y los discos, y con frecuencia el sacro queda en el borde de la imagen o directamente fuera. Cuando se solicita una resonancia por dolor lumbar, lo que se está mirando son los discos.
Y lo que sí se ve puede despistar. A partir de cierta edad, prácticamente todo el mundo tiene algún grado de degeneración discal o de artrosis en la columna lumbar, tenga dolor o no. Un informe que describe una protrusión en L4-L5 es un dato, no un diagnóstico. Si el patrón clínico del paciente es sacroilíaco y el hallazgo discal es asintomático, tratar el disco no va a resolver nada.
La articulación sacroilíaca puede tener un aspecto normal y doler. Y al revés: puede mostrar signos degenerativos llamativos en un TAC y no ser la fuente del dolor. La correlación entre lo que se ve y lo que duele es floja.
Por eso, en el dolor sacroilíaco la prueba que más orienta no es una imagen: es un bloqueo diagnóstico. Consiste en depositar una pequeña cantidad de anestésico local dentro o alrededor de la articulación, guiado por imagen para asegurar que llega donde tiene que llegar. Si el dolor habitual del paciente desaparece o se reduce de forma marcada durante las horas siguientes —el criterio más utilizado es un alivio de al menos el 75 %—, el diagnóstico gana una solidez que ninguna resonancia puede dar. Y si no cambia nada, se ha descartado una hipótesis y se busca en otro sitio, que también es información útil.
Quien ya se operó de la espalda: el grupo que más se beneficia de mirar aquí
Hay un dato que merece un apartado propio.
En pacientes que han pasado por una artrodesis lumbar —una fusión de dos o más vértebras—, la proporción de dolor de origen sacroilíaco se dispara: las series publicadas la sitúan entre el 32 % y el 43 %, frente al 15-30 % de la población general con dolor lumbar crónico.
La explicación es mecánica y bastante intuitiva. Al fusionar un segmento de la columna, el movimiento que ese segmento hacía tiene que absorberlo el resto de la cadena. La articulación sacroilíaca está justo debajo y recibe una parte importante de esa carga extra. Con el tiempo, puede empezar a doler.
Esto tiene una consecuencia práctica de peso: cuando alguien se ha operado de la espalda y sigue con dolor —lo que se conoce como síndrome de cirugía fallida de espalda—, la articulación sacroilíaca debería estar entre las primeras estructuras a valorar. No siempre lo está. Y en algunos de esos casos la explicación del dolor persistente no es que la cirugía saliera mal, sino que hay una fuente de dolor distinta, en una articulación vecina, que nunca se exploró.
Qué tratamientos existen para el dolor sacroilíaco
El abordaje del dolor sacroilíaco es escalonado y se decide caso por caso. No hay un protocolo único que sirva para todos, y conviene desconfiar de quien lo presente así.
Primer escalón: entender y corregir la causa. Si hay una asimetría de carga, una cojera compensadora o un patrón de movimiento que sobrecarga un lado, tratar la articulación sin corregir eso es poner un parche. En Spine Concept trabajamos la estabilidad del tronco y de la pelvis con el Sistema DAVID, un equipamiento de rehabilitación con control informatizado de la carga y del rango de movimiento que permite medir dónde hay déficit y trabajarlo de forma progresiva y objetivable, sin depender de la sensación subjetiva de la sesión.
Segundo escalón: bloqueos e infiltraciones. El mismo procedimiento que sirve para confirmar el diagnóstico puede tener efecto terapéutico si se añade un corticoide al anestésico. La duración del alivio es variable entre pacientes: en algunos casos son semanas, en otros meses. Es una herramienta útil, sobre todo para reducir el dolor lo suficiente como para poder empezar a trabajar la musculatura, pero conviene plantearla con expectativas realistas y no como una solución definitiva.
Tercer escalón: radiofrecuencia. Cuando los bloqueos confirman el origen del dolor y el alivio es claro pero se agota pronto, existe la opción de actuar sobre los ramos nerviosos que llevan la información dolorosa desde la articulación —las ramas laterales sacras— mediante radiofrecuencia. El objetivo es prolongar el alivio más allá de lo que consigue una infiltración. Los resultados publicados son heterogéneos y la técnica no funciona en todos los pacientes; en las series disponibles, una parte relevante de los tratados mantiene una mejoría apreciable a medio plazo. Es una opción a valorar de forma individual, después de haber confirmado el diagnóstico con bloqueos y no antes. Puedes ver el conjunto de técnicas que realizamos en nuestra Unidad del Dolor en A Coruña.
Manejo del componente neuropático. Si el dolor se describe con quemazón, hormigueo o descargas, el mecanismo puede no ser puramente mecánico y hay tratamientos específicos para ese perfil.
Cirugía. La fusión quirúrgica de la articulación sacroilíaca existe y se reserva para casos muy seleccionados en los que todo lo anterior ha fracasado y el diagnóstico está firmemente establecido. Es la excepción, no el camino habitual.
Preguntas frecuentes sobre el dolor sacroilíaco
¿El dolor sacroilíaco es lo mismo que la ciática?
No, aunque se confunden con frecuencia porque ambos pueden irradiar hacia la nalga y el muslo. En la ciática hay una raíz nerviosa irritada y el dolor suele bajar por debajo de la rodilla, a menudo con hormigueo, pérdida de sensibilidad o de fuerza. El dolor sacroilíaco se concentra en la nalga, habitualmente no pasa de la rodilla y no produce déficit neurológico. La exploración clínica permite distinguirlos en la mayoría de los casos.
¿Se ve el dolor sacroilíaco en una resonancia?
No de forma fiable. La resonancia lumbar estándar no suele centrarse en esta articulación, y aunque se estudie específicamente, puede tener aspecto normal y ser la fuente del dolor. Sí es útil para descartar otras cosas, en especial una sacroileítis inflamatoria. El diagnóstico se apoya sobre todo en la clínica, la exploración y, cuando procede, un bloqueo diagnóstico guiado por imagen.
¿Cuánto dura el alivio de una infiltración sacroilíaca?
Es variable y depende del paciente, de la causa de fondo y de si se corrige o no lo que estaba sobrecargando la articulación. Puede ir de unas semanas a varios meses. No es un tratamiento definitivo por sí solo: su mayor utilidad suele ser abrir una ventana de menos dolor para poder trabajar la estabilidad de la pelvis.
Me operaron de la espalda hace años y sigo con dolor. ¿Puede ser sacroilíaco?
Es una posibilidad que conviene valorar. Tras una fusión lumbar, la proporción de dolor de origen sacroilíaco es notablemente mayor que en la población general —las series la sitúan entre el 32 % y el 43 %—, porque la articulación absorbe parte del movimiento que el segmento fusionado ya no hace. Que el dolor persista después de una cirugía no significa necesariamente que la cirugía estuviera mal indicada o mal hecha.
¿Puede el embarazo causar dolor sacroilíaco permanente?
El dolor de la cintura pélvica durante el embarazo y el posparto es frecuente y en la mayoría de los casos mejora en los meses siguientes al parto. En una minoría persiste. Cuando eso ocurre, conviene valorarlo en lugar de asumir que «es normal después de tener hijos», porque suele haber margen de mejora trabajando la estabilidad de la pelvis y, si hace falta, tratando la articulación.
¿Qué médico trata el dolor sacroilíaco?
Habitualmente un especialista en el tratamiento del dolor —con formación en anestesiología y en técnicas intervencionistas guiadas por imagen—, que es quien puede realizar los bloqueos diagnósticos y decidir el escalón terapéutico adecuado. En A Coruña, en Spine Concept valoramos este tipo de cuadros de forma habitual.
Dolor sacroilíaco en A Coruña: qué hacemos en Spine Concept
Spine Concept es una clínica del dolor en A Coruña dirigida por el Dr. Carlos Fernández Ramos, médico anestesiólogo especializado en el tratamiento del dolor, con más de 20 años de experiencia.
En una primera consulta con nuestro equipo de especialistas en dolor de espalda el objetivo no es empezar a tratar, sino entender de dónde viene el dolor. Eso implica una historia clínica detallada —dónde duele exactamente, qué lo empeora, qué lo alivia, desde cuándo, qué se ha probado ya—, una exploración física dirigida con las maniobras que corresponden y una revisión crítica de las pruebas que el paciente ya trae.
De ahí sale una hipótesis y un plan. Si la sospecha es sacroilíaca, se explica qué pasos hay para confirmarla y qué opciones habría en cada escenario. Si la sospecha apunta a otro sitio, se dice también, aunque no sea lo que el paciente esperaba oír.
El dolor sacroilíaco tiene una ventaja: cuando se identifica bien, suele responder. El problema no es tanto lo difícil que sea de tratar como el tiempo que se pierde tratando otra cosa.
Cuéntanos tu caso
Si llevas meses con dolor en la parte baja de la espalda o en la nalga, siempre del mismo lado, y las pruebas no terminan de explicar lo que sientes, puede merecer la pena mirar la articulación sacroilíaca.
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📍 Rúa Petín 6, 15009 A Coruña
Este artículo tiene finalidad informativa y no sustituye a una valoración médica individualizada. Cada caso es distinto y requiere estudio propio.
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Información general; cada caso es distinto y no sustituye una valoración médica.


