Epicondilitis o codo de tenista: por qué duele el codo al coger peso y qué tratamiento tiene

Carlos Fernández Ramos
Doctor en Anestesia y Tratamiento del Dolor

Coger la sartén con una mano. Girar la llave. Levantar la taza del desayuno. Dar la mano a alguien y disimular. Cuando duele el epicóndilo —ese relieve óseo de la cara externa del codo—, el dolor no aparece en reposo ni al dormir: aparece en los gestos más banales del día, los que nadie considera esfuerzo. Y esa es justamente la razón por la que tanta gente convive con él durante meses antes de consultar.

Se le llama codo de tenista, aunque solo alrededor del 10 % de las personas que lo padecen juega al tenis. Se le llama epicondilitis, aunque desde hace más de dos décadas sabemos que en la mayoría de los casos no hay inflamación que valga. Y se trata con frecuencia con una infiltración de corticoide que alivia rápido y deja, a un año vista, un resultado peor que no haber hecho nada.

Nada de eso es anecdótico: de ahí depende qué tratamiento tiene sentido y en qué orden. En este artículo explicamos qué ocurre realmente en un codo con epicondilitis, cómo se distingue de otras causas de dolor en la misma zona —incluida una que viene del cuello—, y qué opciones existen hoy, sin prometer nada que la evidencia no sostenga.

¿Llevas meses con dolor en la cara externa del codo?

En Spine Concept, clínica del dolor en A Coruña, valoramos si ese dolor viene del tendón, de la articulación o del cuello. Escríbenos y te decimos el siguiente paso.

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Información general; cada caso es distinto y no sustituye una valoración médica.

Puedes contarnos tu caso en un minuto: describir dónde duele, desde cuándo y qué gestos lo empeoran nos permite orientarte sobre el mejor paso siguiente. También puedes conocer al equipo de especialistas o la Unidad del Dolor de Spine Concept.

Qué es la epicondilitis (y por qué el «-itis» está mal puesto)

En el epicóndilo lateral, en la cara externa del codo, se insertan los tendones de los músculos que extienden la muñeca y los dedos. El principal se llama extensor radial corto del carpo. Cada vez que se agarra algo con fuerza, esos músculos se contraen para estabilizar la muñeca: por eso duele el codo al coger peso, al girar un pomo o al estrechar una mano, aunque el codo en sí no se esté moviendo.

Durante décadas se asumió que el dolor venía de la inflamación de esa inserción. El trabajo histológico de Nirschl, que examinó el tejido extraído en más de 600 casos de epicondilalgia lateral crónica, mostró otra cosa: fibroblastos abundantes, colágeno desorganizado e inmaduro y ausencia de células inflamatorias. Lo llamó hiperplasia angiofibroblástica; hoy se conoce como tendinosis, un proceso degenerativo, no inflamatorio.

La consecuencia es directa y explica muchas frustraciones. Si no hay inflamación mantenida, un antiinflamatorio o un corticoide actúan sobre algo que no es el problema de fondo. Pueden bajar el dolor —y lo hacen—, pero el tendón degenerado sigue igual de incapaz de tolerar la carga que se le pide. Es la diferencia entre bajar el volumen de la alarma y arreglar lo que la hace sonar.

Por eso en la literatura actual se prefiere hablar de epicondilalgia lateral o de tendinopatía del extensor común: nombres que describen el dolor y el tejido sin dar por supuesta una inflamación que las biopsias no encuentran.

A quién le pasa: el codo de tenista casi nunca es de tenis

Es un cuadro común. Se estima que afecta cada año a entre el 1 % y el 3 % de la población, con un pico de incidencia entre los 35 y los 54 años, es decir, en plena vida laboral.

El nombre popular despista. Solo alrededor del 10 % de los pacientes con epicondilitis juega al tenis. La mayoría son personas que realizan gestos repetidos de agarre, giro o extensión de muñeca: trabajo manual, herramientas, peluquería, hostelería, cocina, tareas de cuidados, obra, tecleo intenso o cualquier actividad que combine fuerza de presa con repetición. También aparece tras un cambio brusco de actividad: una mudanza, unas semanas de obras en casa, empezar un deporte nuevo o volver a uno viejo con demasiada intensidad.

El factor común no suele ser «hacer demasiado», sino hacer más de lo que ese tendón estaba preparado para tolerar en ese momento. Es un problema de desajuste entre carga y capacidad, y esa manera de entenderlo condiciona todo el tratamiento.

Cómo se reconoce: el patrón que delata al codo de tenista

El relato del paciente suele ser bastante característico:

  • Dolor en la cara externa del codo, con un punto muy concreto que duele al presionarlo, justo sobre el relieve óseo o algo por debajo.
  • Aparece al coger peso, al agarrar con fuerza y al girar la muñeca: la sartén, la botella, la llave, el ratón, la bolsa de la compra.
  • Puede irradiar por el antebrazo hacia abajo, hasta la muñeca, pero habitualmente sin llegar a los dedos con sensación de acorchamiento.
  • Sensación de pérdida de fuerza en la mano, no porque el músculo esté débil, sino porque el dolor frena el agarre.
  • En reposo suele estar bien, y en las fases iniciales el dolor solo aparece con el gesto; más adelante puede persistir un fondo molesto y aparecer también de noche.
  • Duele más al extender la muñeca contra resistencia con el codo estirado, una maniobra sencilla que se comprueba en la exploración.

Hay un detalle que conviene anotar antes de la consulta: qué gesto exacto lo dispara y con cuánto peso. Es la información que mejor orienta el diagnóstico y la que permite después medir si el plan está funcionando.

Lo que casi nunca se comprueba: el codo que duele porque el problema está en el cuello

Aquí está, probablemente, el punto más útil del artículo, y el que distingue una valoración en una clínica del dolor de una consulta centrada solo en el codo.

Las raíces nerviosas cervicales C6 y C7 pueden referir dolor a la región del epicóndilo lateral. Se ha descrito una frecuencia llamativa de epicondilalgia en pacientes con radiculopatía cervical, y se han documentado casos de dolor de codo rebelde a todo tratamiento local que se resolvieron al tratar el problema cervical de base.

El escenario típico es reconocible: alguien con dolor de codo de meses, que ha probado reposo, antiinflamatorios, una o dos infiltraciones y una cincha, sin resultado sostenido; y que, si se le pregunta específicamente, refiere también molestias en el cuello o en el borde del omóplato, o nota que el codo empeora los días en que el cuello está peor.

No significa que todo dolor de codo venga del cuello —la mayoría no—, pero sí que en un cuadro que no responde como debería hay que ampliar la mirada por encima del hombro. En Spine Concept esa exploración incluye de forma sistemática la columna cervical, porque una cervicalgia crónica no siempre se manifiesta como dolor de cuello.

Hay otros diagnósticos que conviene tener presentes: la compresión del nervio interóseo posterior en el llamado túnel radial —que suele doler algo más distal y con un patrón distinto—, la patología de la propia articulación del codo, la artrosis y, cuando el dolor tiene carácter quemante o eléctrico, un componente de dolor neuropático que cambia por completo el tratamiento.

Por qué el corticoide alivia y luego el dolor vuelve

Este es el apartado que más preguntas resuelve en consulta, y conviene explicarlo con los datos delante.

En un ensayo aleatorizado publicado en el BMJ en 2006 por Bisset y colaboradores, con 198 pacientes con codo de tenista de al menos seis semanas de evolución, la infiltración de corticoide fue claramente superior a las seis semanas. El problema llegó después: 47 de los 65 pacientes que habían mejorado recayeron, con un 72 % de recurrencias, y a las 52 semanas el grupo del corticoide obtuvo peores resultados que el grupo que simplemente esperó y observó.

Un segundo ensayo, de Coombes y colaboradores en JAMA (2013), apuntó en la misma dirección comparando el corticoide con una infiltración de suero salino: al año, el 83 % de quienes recibieron corticoide había alcanzado recuperación completa o gran mejoría, frente al 96 % de quienes recibieron placebo, y las recaídas fueron considerablemente más frecuentes en el grupo del corticoide.

Dicho de la manera más simple posible: el corticoide compra alivio a corto plazo y lo paga a doce meses. La interpretación más aceptada es coherente con lo que muestran las biopsias: se está desinflamando un tejido que no está inflamado, sino degenerado, y el alivio inmediato permite además volver antes a la actividad que sobrecargó el tendón, sin que ese tendón haya recuperado capacidad.

Esto no convierte al corticoide en un error en todos los casos. Sigue teniendo sentido cuando el dolor es tan intenso que impide cualquier otra cosa y se necesita una ventana para empezar a trabajar. Lo que no sostiene la evidencia es usarlo como tratamiento único, ni repetirlo varias veces esperando un resultado distinto.

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Guía de infiltraciones

Qué es una infiltración, qué se puede esperar de ella y qué no, explicado por el Dr. Fernández Ramos.

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Qué tratamientos existen y en qué orden se plantean

El abordaje razonable es escalonado, y rara vez consiste en una sola medida.

1. Ajustar la carga, no suprimirla. El primer paso es identificar los gestos concretos que disparan el dolor y modificarlos: repartir el peso con las dos manos, acercar la carga al cuerpo, cambiar el agarre de las herramientas, revisar la altura del puesto de trabajo y el uso del ratón. El reposo absoluto no suele ser buena idea: un tendón que no recibe carga pierde capacidad y tolera todavía menos.

2. Recuperar capacidad de carga del tendón. Es la medida con mejor respaldo a medio plazo, y también la más lenta. Consiste en un programa de ejercicio de carga progresiva de la musculatura extensora del antebrazo, empezando por trabajo estático bien tolerado y aumentando la exigencia de forma gradual durante semanas. Requiere constancia y un criterio claro sobre cuánto dolor es aceptable durante el trabajo. No es cuestión de días.

3. Medidas de apoyo. Una cincha o una órtesis de antebrazo puede reducir el dolor en ciertos gestos mientras se avanza con lo anterior; es una ayuda, no un tratamiento. Lo mismo cabe decir de los analgésicos.

4. Infiltración dirigida. Cuando el dolor bloquea cualquier intento de empezar, una infiltración ecoguiada puede abrir una ventana de menos dolor. La ecografía permite ver el estado del tendón y dirigir la aguja al punto exacto, en el mismo acto de consulta. Conviene entenderla como facilitador de un plan y no como el plan completo, y decidir con el paciente qué sustancia se infiltra a la vista de lo que hemos explicado sobre el corticoide. Si quieres saber cómo es el procedimiento antes de plantearlo, puedes descargar la guía de infiltraciones.

5. Plasma rico en plaquetas (PRP). En cuadros de perfil claramente tendinopático y de meses de evolución que no han respondido a lo anterior, puede plantearse un abordaje de medicina regenerativa con PRP. Es, de hecho, una de las indicaciones donde más se ha estudiado: los metaanálisis de ensayos aleatorizados coinciden en que el corticoide es superior en el primer mes y el PRP obtiene mejores resultados a partir de los seis meses en dolor y función. Con matices honestos: los preparados de PRP no están estandarizados entre estudios, la calidad metodológica es desigual y la respuesta individual varía. La indicación se valora caso por caso y explicando qué cabe esperar y qué no.

6. Tratar el frente cervical, si lo hay. Cuando la exploración señala también a la columna cervical, el plan tiene que incluirlo, desde el trabajo de estabilización hasta procedimientos como las infiltraciones y la radiofrecuencia cuando están indicados.

7. Cirugía. Es una opción minoritaria y tardía, reservada a casos de larga evolución que no han respondido a un tratamiento conservador bien hecho y suficientemente prolongado.

Conviene decir también qué no cabe esperar: ni existe un plazo fijo igual para todo el mundo, ni una infiltración aislada sustituye al trabajo posterior, ni el reposo prolongado resuelve una tendinopatía. La mayoría de los casos mejora, pero lo hace en semanas o meses y con un plan sostenido.

Epicondilitis en A Coruña: cómo la abordamos en Spine Concept

En Spine Concept, clínica del dolor en A Coruña dirigida por el Dr. Carlos Fernández Ramos, especialista en el tratamiento del dolor, la primera consulta se dedica a entender por qué duele ese codo antes de tratarlo: qué gestos lo disparan, cómo se comporta el tendón en la exploración, qué muestra la ecografía y si hay un componente cervical que esté alimentando el cuadro.

A partir de ahí se plantea un plan escalonado, con fecha de revisión, y se explica qué se espera de cada paso y en qué plazo. Si algo no responde como se preveía, se replantea. El mismo criterio que aplicamos en otras tendinopatías y dolores articulares que tratamos, como el dolor de hombro crónico o el dolor lateral de cadera.

Preguntas frecuentes sobre la epicondilitis

¿Cuánto tarda en curarse una epicondilitis?

No hay un plazo único. Muchos episodios recientes mejoran en semanas al ajustar la carga que los provocó. Los cuadros de meses de evolución suelen necesitar un programa de ejercicio progresivo sostenido durante varios meses. Lo que sí se sabe es que el tiempo por sí solo, sin cambiar nada, rara vez basta cuando el dolor ya lleva instalado una temporada.

¿Es mejor infiltrarse el codo o esperar?

Depende de cuánto limite el dolor. Los ensayos disponibles muestran que la infiltración de corticoide alivia más a las seis semanas, pero a los doce meses el resultado es peor que el de esperar, con más recaídas. Por eso hoy se plantea sobre todo cuando el dolor impide iniciar cualquier otro tratamiento, y siempre acompañada de un plan posterior, no como medida aislada.

¿Por qué me duele el codo si no juego al tenis?

Porque el nombre popular describe mal el problema: solo alrededor de uno de cada diez pacientes con este cuadro juega al tenis. Lo que lo provoca son los gestos repetidos de agarre, giro y extensión de muñeca, muy frecuentes en el trabajo manual y en las tareas domésticas. Basta con un aumento reciente de actividad para desencadenarlo.

¿Puedo seguir trabajando o entrenando con epicondilitis?

En general sí, ajustando la dosis y el tipo de gesto. El reposo completo tiende a empeorar el problema a medio plazo porque el tendón pierde capacidad. Lo razonable es reducir temporalmente los gestos que más duelen, modificar los agarres y mantener actividad tolerable mientras se trabaja la carga progresiva. La pauta concreta debe individualizarse.

¿Sirve la cincha o codera para el codo de tenista?

Puede reducir el dolor en determinados gestos y resultar útil mientras se avanza con el resto del plan. No actúa sobre el tendón degenerado, así que por sí sola no resuelve el cuadro. Usada como único tratamiento durante meses suele acabar en la misma situación de partida.

¿Y si el dolor de codo viniera del cuello?

Es una posibilidad real que conviene descartar cuando un codo no responde a un tratamiento local bien hecho. Las raíces cervicales C6 y C7 pueden referir dolor a la zona del epicóndilo, y hay casos descritos de dolor de codo rebelde que cedieron al tratar el problema cervical. Si además hay molestias de cuello, de omóplato o síntomas que bajan por el brazo, merece la pena que la valoración incluya la columna cervical.

¿Llevas meses con dolor en el codo? Cuéntanos tu caso

Si te reconoces en este patrón —dolor en la cara externa del codo al coger peso, al girar la llave, al agarrar con fuerza— y ya has probado reposo, antiinflamatorios o alguna infiltración sin resultado sostenido, merece la pena que lo valore un médico especialista en dolor antes de asumir que hay que convivir con ello.

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